Nerea's profile--- CHINCHETAS DE PAPEL...PhotosBlogLists Tools Help

Blog


    ___

    Perdona, si digo alguna vez ke kiero volver a estampanarme kontra la luna,
    Diskulpas aceptadas si intentas alguna vez volver a tirarme al suelo,
    Perdona si vuelvo a tropezarme casualmente con tu boca,
    Diskulpas aceptadas por si te pones delante y me zancadilleas,
    Enhorabuena si no vuelves a intentarlo,
    Gracias por esta normalidad.
     
    (29-Agosto)
     
    (La normalidad me aburre)

    Nadie dijo que fuera fácil (A. Pérez Reverte)

    Todo el mérito es tuyo; tienes mi palabra de honor. Quizá el botín de tan larga campaña –y lo que te queda todavía– no sea lo dorado y brillante que uno espera cuando la inicia, a los doce o trece años, con los ojos fascinados de quien se dispone a la aventura. Pero es un botín, es tuyo, es lo que hay, y es, te lo aseguro, mucho más de lo que la mayor parte de quienes te rodean obtendrán en su miserable y satisfecha vida. Tú has abordado naves más allá de Orión, recuerda. Tienes la mirada de los cien metros, esa que siempre te hará diferente hasta el final. Fuiste, vas, irás, esos cien metros más lejos que los otros; y durante la carrera, hasta que suene el disparo que le ponga fin, habrás sido tú y habrás sido libre, en vez de quedarte de rodillas, cómoda y estúpida, aguardando.

    Ahora sabes que todo merece la pena. La larga travesía por ese mundo de méritos numéricos y ausencia de reconocimiento, donde te viste obligada a arrastrar contigo al niño de papá, al tonto del haba, al inútil carne de matadero, con tal de llevar a buen término el trabajo para el que te bastabas en solitario. Has crecido y sabes que las oportunidades no estaban en los otros, sino en ti. Que no había nada malo en aquella chica tímida que se llevaba libros a las horas libres de tutoría; que buscaba la mirada de los profesores inteligentes, no para hacerles la pelota, sino por sentirse cómplice y no estar sola. La jovencita que sobrecargaba la mochila con El guardián entre el centeno o El señor de los anillos, que en la excursión del cole a Madrid prefería ver el Planetario, el Prado o el Reina Sofía a dejarse la garganta en el parque de atracciones. Que se enfrentaba a la hostilidad de compañeros cretinos porque era la única que había leído las Sonatas de Valle-Inclán o sabía quién era Wilkie Collins. Ahora que miras hacia atrás con madurez, comprendes que cada vez que alguien ninguneó tu forma de ser, te insultó, te miró por encima del hombro, no hizo sino precipitar tu aprendizaje y tu lucidez. Tu certeza de ser mejor, más despierta y diferente.

    Mírate ahora. Qué lejos estás de tanto borrego y tanto buey. Entras en la edad adulta sin que nadie pueda imponerte una sonrisa falsa cuando el mundo y su estupidez, su envidia, su mezquindad, te hagan fruncir el ceño. Ahora tienes la certeza de que no te equivocaste, y de que la niña callada en el banco del fondo puede ser vengada por la mujer que hoy la recuerda. Sabes ya que puedes ser feliz a tu manera y no a la de otros, con tus libros, con tus películas, con tu familia, con esos amigos que no sabes cuánto tiempo van a durar y por eso aprecias tanto, con la mirada serena que ahora posas a tu alrededor, en la calle, en el trabajo, en la vida. En la muerte. Ahora sabes que la virtud, en el más hondo sentido de la palabra, está en ese aguante de tantos años, cuando cerca estuvieron de convertirte en otra. Comprendes al fin que los malos profesores son un accidente sin demasiada importancia, pues eres tú quien aprende; y la vida, incluso con sus insultos, con sus malvados, con sus tragedias, con sus reglas implacables, la que te enseña. Nadie dijo que fuera fácil.

    El otro día fuiste a ver Salvador y saliste del cine asombrada, llorando. No por la película, ni por la suerte del protagonista, sino por la certeza de que los ideales de aquel muchacho ya no tienen sentido, porque ninguno los sustituye ahora, porque la gente de tu edad se divide en dos grandes grupos: una minoría de analfabetos desorientados, pasto de demagogia barata en manos de políticos sin escrúpulos, y una masa inerte cuya única aspiración es salir en Gran Hermano o ponerse hasta arriba el sábado por la noche; jóvenes con garganta y sin nada que gritar, que se irían por la pata abajo puestos en la piel de Salvador Puig Antich, o a los que, viendo El crimen de Cuenca, la sola visión del garrote vil haría cerrar los ojos con escalofríos en la nuca. Pero tus lágrimas, amiga, demuestran que tienes razón. Que no te equivocaste al amar al conde de Montecristo y al Gabriel Araceli de Galdós, al buscar el secreto genial de un soneto de Borges o Quevedo, al transitar, jugándotela, por los senderos sin carteles luminosos en los pasillos oscuros de la Historia. Al hacer de cada esfuerzo, de cada miedo, de cada desengaño, de cada ilusión y de cada libro, un martillo con el que picar los muros espesos que te rodean.

    Y si algún día tienes hijos, intenta que sean como tú. Como esos tipos flacos de los que hablaba Julio César, a la manera de Casio: gente de dormir inquieto, peligrosa y viva. La que quita el sueño a los apoltronados y a los imbéciles.

    ¿Te da nostalgia?

    - ¿el qué?
     
    - Todo, la comida...
     
    - Un poco.
     
    - Es rara ¿no? la nostalgia, porque tener nostalgia en sí no es malo, eso es que te han pasado cosas buenas y las echas de menos, yo por ejemplo no tengo nostalgia de nada, porque nunca me ha pasado nada tan bueno como para echarlo de menos, eso sí que es una putada.      ¿Se podrá tener nostalgia de algo que aún no te ha pasado? Porque a mí a veces me pasa, me pasa que me imagino cómo van a ser las cosas, los chicos por ejemplo, o con la vida en general, y luego me da pena cuando me acuerdo de lo bonitas que iban a ser, porque iban a ser preciosas, en serio preciosas, y luego cuando lo pienso me da nostalgia, porque iban a ser tan bonitas, cuando me doy cuenta de que aún no han pasado y que a lo mejor no pasan nunca, me pongo supertriste, supertriste tía, pero es como una tristeza a cuenta, como la fianza de cuando alquilas una casa, pero con tristeza, que la pones por delante, porque total, sabes que la vas a acabar utilizando igual...
     
     
     
      

    J. Sabina

    ¿Quién sangra por do más pecado hubiere, quién me cambia por tu desilusión, quién sazona el amor con alfileres, quién me descorazona el corazón, quién quema relicarios, tilas, naves, quién alquila mujeres de alquiler, quién ha sacado copia de la llave de los secretos de mi secreter, quién oxida el "dindón" de las campanas, quién se sabe perdido cuando gana, quien me ha metido el dedo en la nariz, quién roba, silba, reza, desayuna, quién planta girasoles en la luna, quién coño me ha robado el mes de abril?

     

    Nos sobran los motivos

    Este adios no maquilla un "hasta luego"
    este nunca no escondé un "ojalá"
    estas cenizas no juegan con fuego,
    este ciego ya no mira para atrás.
     
    Este notario firma lo que escribo,
    esta letra no la protestaré,
    ahórrate el acuse de recibo,
    estas vísperas, son las de después.
     
    A este ruido, tan huérfano de padre,
    no voy a permitirle que taladre
    un corazón, podrido de latir,
    este pez, ya no muere por tu boca,
    este loco se va con otra loca,
    estos ojos no lloran más por ti.
     
    Joaquin Sabina  (Nos sobran los motivos)