Nerea's profile--- CHINCHETAS DE PAPEL...PhotosBlogLists Tools Help

Blog


    - Ei, ¿duermes?

    - No.
    - Yo tampoco.
    - Si te pregunto qué piensas no vas a decirmelo pero y ¿si te pido que pienses en voz alta?
    - Este tío es idiota, se pasa la noche lubricándome el ano para metérmela y se piensa que si no me hace daño voy a repetir con él.
    - ¿Qué tengo que hacer para que repitas conmigo?
    - Si volvemos a follar esta noche, procura lubricarme un poco el corazón y entonces ahí me la metes hasta el fondo y quizá otro día repita. Apaga la luz.

    - Quiero enredarme las manos en tu pelo

    - Puedes hacerlo
    -¿Y así te enamoras?
    - Y dale. No. Una veinteañera como tú sólo me hace perder los estribos.

    Se quedó allí, pensando que ya no se conocía más a sí misma,

    que estaba irremediablemente perdida. Escuchó pasos de gente entrando y saliendo del lavabo, grifos que se abrían y cerraban, conversaciones inútiles sobre temas banales. Más de una vez alguien intentó abrir la puerta del váter donde ella estaba, pero ella emitía un murmullo y nadie insistía. Los ruidos de las descargas de las cisternas sonaban como algo terrorífico, capaz de derribar el edificio y llevarse a todas las personas al infierno.

    Yo no fui siempre un tipo con el alma entre lo cojones.

    Durante varios años ni siquiera decía palabrotas, y hasta utilicé durante varios otros muchos un vocabulario abundante y selecto. Ahora he decidido que la vida no merece arriba de quinientas palabras y que las más a propósito son palabrotas, pero no es que nunca haya pasado de aquí, sino que he llegado aquí. Muchos capullos se atascan donde yo estoy ahora al poco de nacer y se quedan aquí para siempre. Yo he venido hasta aquí pasando por otros sitios antes, y algunos de ellos olían bastante mejor, aunque nunca duró demasiado. Puede parecer que más habría valido ser desde un principio uno de esos capullos que no ven mundo ni conocen otros sitios que huelen mejor. Y a mí me lo parece. Si toda la vida hubiera sido un capullo ahora estaría contento, y no acordándome de que aquel día era lunes y el alma me pesaba encima del slip.

    Houston, tenemos un poema

    Para una puta egoísta :

    Y entonces te vas. Como siempre. Todo el mundo, corre, huye, se escapa. Y yo me quedo aquí, esperando que mires atrás, y me abraces y me llenes, y me beses con una fotografía de Amelia en la mano. Y nos mordamos la yugular. Y nos desangremos y muramos entrelazadas.

    Solo porque es un trato y hoy nos apetece jugar. Apuéstaste una cena con palta. Y yo quería hacerte un poema, para tus miedos. Para que dejases de ser un cadáver con el ojo abierto, y descansases en calma entre mis brazos.

    Supongo que querías aparecer en la escena de mis crímenes, que te asustaban las niñas post-it y los Jaumet con tetas. Que nos gustaba hablar a medias, ya lo sé. Hubiese sido una más escrutándote en el concierto de Superputa. Deseándote, quiero decir, dispuesta a invitarte una copa que se llevó Audrey y su mirada.

    Se nos acabó la risa, cuando empezamos a ponernos serias.
    Cuando insistimos en tenerlo todo o nada. Cuando echaste a correr.
     
     - Meike -

    Vértigo

    Y entonces te asustas, quieres pararlo todo. Quieres retenerlo todo en las manos (pero la puta arena se te cuela entre los dedos). Vas a romperte en mil pedazos cuando ella te suelte la mano (y lo sabes). La cabeza contra el muro. No hay vuelta atrás (No tiene remedio). Vértigo. Quiero hacerlo todo. (Contigo.) Ya.

    (Hace un frío horrible, y te extraño…)

    Que si bolcheviques, que si María Magdalena princesa de virtudes necias...

    Cincuenta vueltas de campana. Cincuentas vueltas seguidas Don Tictac. Cincuenta... no más, sesenta, un año, cien mentiras. Quiero despertar en otro día, en otro lugar, sin dolor en los ojos. Quema. Dos bocados a mi corazón. Arde. Las venas a mordiscos. Traga. Escupiendo sonrisas. Derrochando sangre. Orgullo ocre sabor metálico. Negro. Rojo sangre.
     
     
    Cierra los ojos y abre sueños. Cierra párpados. Encarcela recuerdos (fotografías tatuadas en el cerebro) Grabadas a sangre caza... rituales de venganza, mentiras, incienso. Deja correr la sangre. Llórala. Ábrete en canal. Golpea dentro. Crash. Despierta. Grítame las letras. Arráncame las palabras. Vuelve. Suda tinta. Negro.

    !!!

    No son ranas de papel. Son misiles programados. Objetivo: mi cabeza. Voy a estallar por los aires. Atentado al corazón.

     

     

     

     

     

     

     

     

    -------------          Proyectando misil en    3,   2,   1 …

     

    Como

    escribirle en las zapatillas, pintarle las rayas de manos, o gritarle con los ojos, supongo que esas cosas no se echan de menos, pero ahora, él camina por la calle con las zapatillas en blanco, con las manos limpias, y con la mirada vacía.

    Tristemente puesta en pie

    acaricias con los dedos la esperanza muerta,la torpeza y la vergüenza de este año, que no fue ese año que esperábamos tener. Y lamentas con miradas, lo que no se puede ni explicar, lo que no has guardado, porque al no ser lo esperado no quisiste ni archivar, ni un solo momento, ni un segundo odiado, de este amor impuro y agotado, enfermo y delicado, pequeño y despistado que se apaga.
     
    (Iván Ferreiro)

    < desde Lisboa <

    Enhorabuena por ese novio médico estupendo que te has echado, no muy guapo, pero con una interesante nariz grande, aficcionado a Madalfa como tú, y melómano. Pues a ver cuándo me haceis una visita, tú y tu novio, para que os dé el visto bueno, Lisboa es rara, Javier, es una ciudad de la que tengo recuerdos de cosas que no he vivido, pero eso me hace ir despacito, más tranquila, con dos dedos, torpe, pero acertando las letras que quiero dar. Estoy tranquila, por fin, al menos ya no siento que me muero por dentro, eso es bueno ¿no?, y tengo ganas, pequeñas, pero ganas de empezar otra vez y olvidarme de que esta y cualquier ciudad a veces está tan triste como yo, y notar que estoy cambiando, aunque solo sea un poco, bueno si es mucho, mejor. ¿Has visto qué egoistas nos volvemos cuando estamos solos? Espero que tu novio el médico tenga cura para el egoismo. ¿Tú crees que nos enamoramos solo para no estar solos? Yo creo que me he enamorado de un chico, bueno, de su cogote, me  encanta el cogote de un conductor de tranvía que no conozco, espero que lo que tengas ahora sea lo que siempre soñaste tener, ¿dónde irán los sueños cuando no los conseguimos? Porque a algún sitio tienen que ir, aunque creo que al final los sueños no son más que una excusa, pero una excusa muy gorda, son la excusa para vivir, por eso a veces también se convierten en la mirada nostálgica de lo que nunca fuimos, qué putada Javier, asumir que nunca serás lo que siempre deseaste, ni esperarlo siquiera, joder.

    Desconfío

    cuando callas, cuando hablas, cuando me tocas, cuando dejas de hacerlo, cuando me acerco a ti, cuando te alejas de mí, cuando miras a otro lado, cuando llueve, cuando no te veo, cuando no me miras, cuando no me preguntas, cuando no soy imprescindible, cuando te extraño, cuando te quiero, cuando no, cuando me duele la cabeza, cuando te observo de lejos.
    cuando me tocas la heridas, me irrito, desconfío, y vuelvo a pensar como la perfecta loca: no se ama si no se cela.

    Desaparece, sin que nadie te vea, sin que tengan ocasión de preguntarte a ti, antes de que nadie te mire a los ojos y pueda ver un montón de dolor sin sentido, antes de que nadie pueda ver lo que piensas, porque entonces tendrás que gritarlo todo, y sabes que los mancharás a todos con toda esa mierda que tienes en la cabeza. Cállate, agacha la cabeza, sal de esa maldita habitación, busca un sitio, alto, muy alto, y grita, sácate de la cabeza y de la garganta (sobre todo de la garganta) el rojo, ese rojo casi negro que te tiñe cabeza garganta y corazón, arráncate las lágrimas, No, no saltes, busca un sitio, alto, más alto.

    ¿Y qué

    si quiero seguir saliendo todos los días a las ocho de la mañana en pijama a quitarme las legañas delante del jodido sol que siempre nos cegaba?

    Miedo

    Miedo a ver un auto de la policía interrumpir mi entrada.
    Miedo a quedarme dormido en la noche.
    Miedo a no quedarme dormido.
    Miedo a que el pasado emerja.
    Miedo a que el presente tome vuelo.
    Miedo del teléfono que suena en medio de la noche.
    Miedo a las tormentas eléctricas.
    Miedo a la mujer del aseo que tiene una cicatriz en la mejilla.
    Miedo a los perros que me han dicho que no, que no morderán.
    Miedo a la ansiedad.
    Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.
    Miedo a que se me acabe el dinero.
    Miedo a tener demasiado (aunque la gente no creerá esto).
    Miedo a los perfiles psicológicos.
    Miedo a llegar tarde y miedo a llegar antes que nadie.
    Miedo a la caligrafía de mis hijos en los sobres.
    Miedo a que ellos mueran antes que yo, y sentirme culpable.
    Miedo a tener que vivir con mi madre en su anciandad, y en la mía.
    Miedo a la confusión.
    Miedo a que esta historia termine con una nota infeliz.
    Miedo a despertar y descubrir que te has ido.
    Miedo de no amar y miedo de no amar lo suficiente.
    Miedo de que lo que amo sea letal para quienes amo.
    Miedo a la muerte.
    Miedo a vivir demasiado.
    Miedo a la muerte (eso ya lo dije).

    Se nos ha ido la olla por completo

    (y nos creíamos que estabamos cuerdos)
    es igual, si no lo entienden son ellos,
    nosotros somos luz (y ellos están ciegos)
     
    Sin darnos cuenta viajamos a un desierto (en el trayecto lo hicimos mil veces (lento)
    todos mirando, el vagón estaba lleno)
     
    Nosotros somos dos, y todos tienen celos.
     
    - Pereza -

    ___

    Perdona, si digo alguna vez ke kiero volver a estampanarme kontra la luna,
    Diskulpas aceptadas si intentas alguna vez volver a tirarme al suelo,
    Perdona si vuelvo a tropezarme casualmente con tu boca,
    Diskulpas aceptadas por si te pones delante y me zancadilleas,
    Enhorabuena si no vuelves a intentarlo,
    Gracias por esta normalidad.
     
    (29-Agosto)
     
    (La normalidad me aburre)

    Nadie dijo que fuera fácil (A. Pérez Reverte)

    Todo el mérito es tuyo; tienes mi palabra de honor. Quizá el botín de tan larga campaña –y lo que te queda todavía– no sea lo dorado y brillante que uno espera cuando la inicia, a los doce o trece años, con los ojos fascinados de quien se dispone a la aventura. Pero es un botín, es tuyo, es lo que hay, y es, te lo aseguro, mucho más de lo que la mayor parte de quienes te rodean obtendrán en su miserable y satisfecha vida. Tú has abordado naves más allá de Orión, recuerda. Tienes la mirada de los cien metros, esa que siempre te hará diferente hasta el final. Fuiste, vas, irás, esos cien metros más lejos que los otros; y durante la carrera, hasta que suene el disparo que le ponga fin, habrás sido tú y habrás sido libre, en vez de quedarte de rodillas, cómoda y estúpida, aguardando.

    Ahora sabes que todo merece la pena. La larga travesía por ese mundo de méritos numéricos y ausencia de reconocimiento, donde te viste obligada a arrastrar contigo al niño de papá, al tonto del haba, al inútil carne de matadero, con tal de llevar a buen término el trabajo para el que te bastabas en solitario. Has crecido y sabes que las oportunidades no estaban en los otros, sino en ti. Que no había nada malo en aquella chica tímida que se llevaba libros a las horas libres de tutoría; que buscaba la mirada de los profesores inteligentes, no para hacerles la pelota, sino por sentirse cómplice y no estar sola. La jovencita que sobrecargaba la mochila con El guardián entre el centeno o El señor de los anillos, que en la excursión del cole a Madrid prefería ver el Planetario, el Prado o el Reina Sofía a dejarse la garganta en el parque de atracciones. Que se enfrentaba a la hostilidad de compañeros cretinos porque era la única que había leído las Sonatas de Valle-Inclán o sabía quién era Wilkie Collins. Ahora que miras hacia atrás con madurez, comprendes que cada vez que alguien ninguneó tu forma de ser, te insultó, te miró por encima del hombro, no hizo sino precipitar tu aprendizaje y tu lucidez. Tu certeza de ser mejor, más despierta y diferente.

    Mírate ahora. Qué lejos estás de tanto borrego y tanto buey. Entras en la edad adulta sin que nadie pueda imponerte una sonrisa falsa cuando el mundo y su estupidez, su envidia, su mezquindad, te hagan fruncir el ceño. Ahora tienes la certeza de que no te equivocaste, y de que la niña callada en el banco del fondo puede ser vengada por la mujer que hoy la recuerda. Sabes ya que puedes ser feliz a tu manera y no a la de otros, con tus libros, con tus películas, con tu familia, con esos amigos que no sabes cuánto tiempo van a durar y por eso aprecias tanto, con la mirada serena que ahora posas a tu alrededor, en la calle, en el trabajo, en la vida. En la muerte. Ahora sabes que la virtud, en el más hondo sentido de la palabra, está en ese aguante de tantos años, cuando cerca estuvieron de convertirte en otra. Comprendes al fin que los malos profesores son un accidente sin demasiada importancia, pues eres tú quien aprende; y la vida, incluso con sus insultos, con sus malvados, con sus tragedias, con sus reglas implacables, la que te enseña. Nadie dijo que fuera fácil.

    El otro día fuiste a ver Salvador y saliste del cine asombrada, llorando. No por la película, ni por la suerte del protagonista, sino por la certeza de que los ideales de aquel muchacho ya no tienen sentido, porque ninguno los sustituye ahora, porque la gente de tu edad se divide en dos grandes grupos: una minoría de analfabetos desorientados, pasto de demagogia barata en manos de políticos sin escrúpulos, y una masa inerte cuya única aspiración es salir en Gran Hermano o ponerse hasta arriba el sábado por la noche; jóvenes con garganta y sin nada que gritar, que se irían por la pata abajo puestos en la piel de Salvador Puig Antich, o a los que, viendo El crimen de Cuenca, la sola visión del garrote vil haría cerrar los ojos con escalofríos en la nuca. Pero tus lágrimas, amiga, demuestran que tienes razón. Que no te equivocaste al amar al conde de Montecristo y al Gabriel Araceli de Galdós, al buscar el secreto genial de un soneto de Borges o Quevedo, al transitar, jugándotela, por los senderos sin carteles luminosos en los pasillos oscuros de la Historia. Al hacer de cada esfuerzo, de cada miedo, de cada desengaño, de cada ilusión y de cada libro, un martillo con el que picar los muros espesos que te rodean.

    Y si algún día tienes hijos, intenta que sean como tú. Como esos tipos flacos de los que hablaba Julio César, a la manera de Casio: gente de dormir inquieto, peligrosa y viva. La que quita el sueño a los apoltronados y a los imbéciles.

    ¿Te da nostalgia?

    - ¿el qué?
     
    - Todo, la comida...
     
    - Un poco.
     
    - Es rara ¿no? la nostalgia, porque tener nostalgia en sí no es malo, eso es que te han pasado cosas buenas y las echas de menos, yo por ejemplo no tengo nostalgia de nada, porque nunca me ha pasado nada tan bueno como para echarlo de menos, eso sí que es una putada.      ¿Se podrá tener nostalgia de algo que aún no te ha pasado? Porque a mí a veces me pasa, me pasa que me imagino cómo van a ser las cosas, los chicos por ejemplo, o con la vida en general, y luego me da pena cuando me acuerdo de lo bonitas que iban a ser, porque iban a ser preciosas, en serio preciosas, y luego cuando lo pienso me da nostalgia, porque iban a ser tan bonitas, cuando me doy cuenta de que aún no han pasado y que a lo mejor no pasan nunca, me pongo supertriste, supertriste tía, pero es como una tristeza a cuenta, como la fianza de cuando alquilas una casa, pero con tristeza, que la pones por delante, porque total, sabes que la vas a acabar utilizando igual...
     
     
     
      

    J. Sabina

    ¿Quién sangra por do más pecado hubiere, quién me cambia por tu desilusión, quién sazona el amor con alfileres, quién me descorazona el corazón, quién quema relicarios, tilas, naves, quién alquila mujeres de alquiler, quién ha sacado copia de la llave de los secretos de mi secreter, quién oxida el "dindón" de las campanas, quién se sabe perdido cuando gana, quien me ha metido el dedo en la nariz, quién roba, silba, reza, desayuna, quién planta girasoles en la luna, quién coño me ha robado el mes de abril?